Relato: Viajes en párrafos


¡Aloha! Hoy os traemos un pequeño relato de la mano de nuestro colaborador Diego Oblitas (MagicTale): Viajes en párrafos.

Relato: Viajes en párrafos

Tantos seres que he conocido, desde buenos amigos, hasta los enemigos más complicados. Todos seres increíbles con lo que he tenido la oportunidad de coincidir, para bien o para mal, es mejor solo sentirme feliz por haberlos vivido.

Ahora mismo creo que es menester presentarme, y sin mi pasado soy nada. Vengo de una familia que estuvo presente cuando nuestros primos nos exiliaron hacia otro continente. Así es, yo también nací con la maldición de la sed de magia, la cual me fue heredada por mi madre (principalmente) y por mi padre, aunque fue siempre más sereno y podía controlar de una manera muy efectiva esta sed de la cual había probado tantos tragos dulces como amargos. Aun ahora cuando pienso en su energía, siento algo de sed… Aunque ahora tengo algo mejor con que llenarla; pero continuando con lo que estaba contando, soy una orgullosa Sin’dorei, mi madre cayó en el juego del príncipe traidor, por lo cual ahora mismo que estoy escribiendo estas letras, ella no debería estar entre los vivos. Quizá está con mi padre, viendo nuestros pasos, guiándonos hacia un mejor futuro. Me encantaría verlos una vez más; mi padre, hechicero de vocación, trabajaba para el Kirin Tor, era un hombre que me enseñó que la amistad no conoce límites, y que muchas veces no importa las barreras físicas, lo que realmente importa son las barreras mentales, y quizá por eso es que ahora me encuentro aquí escribiendo estas líneas; abrí mi mente y mis ojos, gracias a sus consejos aprendí a no pelear por un pensamiento o un sentimiento.

Él falleció cuando ocurrió la purga en Dalaran, desde luego pertenecía a los Atracasol como uno de los representantes diplomáticos entre varias facciones, algunos días estaba en Lunargenta, otros en Forjaz, después nos íbamos a Darnassus, lugar que aún ahora extraño y al cual espero regresar a visitar algún día. En fin, solía viajar por varias capitales, era fiel a la horda, pero más fiel a Dalaran, sin embargo fue asesinado por aquellos para los que trabajaba. Recuerdo que vivía en Dalaran cuando ocurrió la purga, no existen palabras para expresar lo que uno siente al ser traicionado por la gente que admiraba. Me rehusaba a ir al nuevo continente recién descubierto, que aunque me llamaba la curiosidad de conocer y de participar en el avance de la horda, prefería mantenerme en Dalaran para poder ser más neutral, sin embargo después del fallecimiento de mi padre y ya una vez instalada en Lunargenta, escuché que nuestro Señor Regente Lor’themar Theron estaba creando una facción para poder entrar a Pandaria.

¡Esta era mi gran oportunidad! Quería ir a otro lugar, alejarme de todos y de todo lo que conocía ya que hasta ahora no había encontrado mi lugar en esta tierra; viajé por tantos lugares, estuve rodeada de humanos, primos kaldorei, enanos, trolls, orcos, y aún entre los míos me sentía perdida. Según lo que había escuchado, necesitaba tanto a los forestales, como Atracasol y Magistri por igual. Aprovechando que tengo pasado Magister (en realidad sólo fui una aprendiz sin más), además mi padre pertenecía a los Atracasol, y que también fui aprendiz de Lady Liadrin por una temporada, decidí unirme.

Para mi gran sorpresa, fui aceptada (tuve que llamar a “viejos amigos” y hacer unos malabares para poder ingresar, ya que solo estuve unas pocas temporadas y ni siquiera fui muy sobresaliente en alguna especialización), estaba entre lo más bajo de la cadena, algo que realmente quería, pues este viaje que estaban realizando, era sin duda alguna, mi excusa perfecta. Al ser un “peón” más, estaba segura que no les importaría que me perdiera por ahí, por uno de esos bosques o planicies de los que he oído hablar tanto en las tabernas de Dalaran, donde había llegado a trabajar sirviendo a los comensales, y siempre habían uno o dos que venían a contar historias de esos lugares, o simplemente rumores; contaban que habían hecho contacto con varias razas, entre ella una que sobresale y apoya tanto a la horda como a la alianza, algunos creen que son doble agentes, otros que se están aprovechando de ambas partes y pocos confiaban en que son una raza que solo está recibiendo ayuda, y está en cambio brinda conocimiento y riquezas. Los Pandaren (como les llamaban) contaban que eran muy pacíficos, serenos y con una fuerza de voluntad impresionante, tenían el aspecto de unos osos de dos patas (sin duda algo demasiado tierno para ser malo, por lo menos asi pensaba) eral altos y muy robustos, sin embargo contaban que eran ágiles peleadores, les tenían bastante aprecio, pues eran muy protectores,y una vez te ganabas su confianza te protegían con garras y dientes, literalmente. Mientras leía los libros que me encontraba en Dalaran (siempre hay un mago o brujo que viene y deja unas hojas o libros enteros como medio de pago) me daba cuenta de que son una raza que apenas se les conoce, muchos los tratan de mitos, que vienen de una aldea oculta entre las nieblas y que son imposibles de detectar, tienen grandes poderes dentro de su tierra y un pasado tanto oscuro como lleno de luz.
Realmente me interesaba conocer de primera mano toda esta nueva civilización…

Bueno, parece que me desvié un poco de lo que estaba hablando, y es que siempre ocurren estas cosas, hay tanto por contar que uno se pierde fácilmente entre sus propios comentarios. Siguiendo con mi afán de desaparecer se me ocurrieron algunos lugares antes que un continente tan peleado entre los reinos de la horda y de la alianza, pero sabiendo que Dalaran estaba prohibido, y al ser mi padre acusado de traición no iba a poder ir a Darnassus; tierra en la cual vivía un viejo y gran amigo, pero que por circunstancias de la vida nos habíamos alejado y ahora no podía llegar de improviso con una botella en la mano, ni hablar de algún reino que pertenezca a la horda, siempre me llevé bien con mis hermanos los Tauren, pero el Warchief no estaba nada contento, ni con ellos ni con los trolls, y si se corría la voz de que alojaban a una “elfa de sangre” que estaba huyendo de Lunargenta porque su padre fue asesinado en Dalaran, no iba a hacerse la vista gorda, sé muy bien que no soy tan importante, pero hay veces que la idea de lo que uno significa pesa más que el individuo en cuestión. Los goblins sin duda sería lo último que vería dentro de la horda, serían capaces de venderme con tal de ganar algo de oro, los orcos amurallados, Sylvannas siempre fue una Sin’dorei que admiré y aunque ahora sea una renegada, siento la misma admiración por ella. Lamentablemente conozco su temperamento, y antes de recibir una refugiada (por interés personal) de Lunargenta, hubiera preferido que haga lo que estoy haciendo, hacerme de un nombre propio. Ya algún día iré no como refugiada, tampoco creo como una igual; pero sí creo que por lo menos siendo reconocida por la misma Reina alma en Pena, así que pensando y pensando sobre los muchos problemas que hay en la vuelta de la esquina, me di cuenta que mi padre me enseñó bastante bien la política, o por lo menos lo suficiente para poder entender la realidad; no iba a ser bienvenida en ninguna parte, excepto Lunargenta.

Necesitaba irme…

Lamentablemente para mí, no todo fue como lo había imaginado, primero nos demoramos más de lo esperado (esto de ser el último eslabón tiene sus desventajas). Luego cuando pensaba que desembarcaría en un bosque verde lleno de vida como había escuchado, nos mandaron por un portal hacia una especie de panteón, según iba conversando, era una isla que quedaba muy lejos de Pandaria, nuestra misión era buscar un artefacto, y no se me era permitido saber más por ahora. Las opciones se me acortaban y no tenía más que decir, era o bien obedecer o escaparme y manejarme por mi propia cuenta. Fácilmente podría haber obedecido, ser leal hasta subir posiciones y comenzar a tener peso, la verdad no sonaba nada mal, hasta ahora si lo pronuncio en voz alta, suena hasta sensato; pero no era lo que mi mente quería. Así que decidí buscar un mapa, tenía unos conocimientos en magia, también en supervivencia, y fui aprendiz de dos Sin’dorei muy condecorados, El Gran Magister Rommath y Lady Liadrin. Así que tenía fe en que me las podía jugar estando allá afuera sola. Debo admitir que la búsqueda del mapa y de todo lo que necesitaba como agua, comida, ropa, armas, pociones tanto para las heridas como para recuperar el maná, fue toda una odisea, quizá más épica que la aventura que me esperaría más adelante.
Unas noches antes de partir me di cuenta que algo (quizá lo más importante) me faltaba… ¿Cómo saldría de esa isla? Es decir, conocía las rutas más cercanas a nuestra base, pero no podía irme más lejos, además de que en caso llegue a salirme de nuestra ruta cotidiana, como haría para llegar a la costa de Pandaria? Tenía tres opciones, la primera y quizá la más imposible era nadando; me tendría que lanzar por un risco y de ahí nadar mucho tiempo y mucha distancia hasta llegar (con suerte) a las costas, claro, si no nadaba hacia el lado opuesto, sin contar con la energía gastada sumado a los suministros que tendría que llevar, me hacía descartar esta posibilidad casi de entrada. Luego tendría una opción, quizá un poco más posible, pero igual de complicada; utilizar el portal que tenemos para poder llegar a nuestra base en Pandaria. La verdad es que esta posibilidad estaba calando hondo en mi pensamiento, algo me decía que quizá sería la más rápida, pero por otro lado, no lo veía nada seguro. Es verdad que de un solo salto llegaría hasta el continente, no solo hasta la costa, mas bien aterrizaría ya dentro del continente, lista para poder partir a perderme en estos inmensos bosques, no gastaría energía, podría pasar con todo lo necesario y hasta más además de que no estaría tan perdida. El gran problema… La seguridad.

¡Era verdad! ¿Cómo no había pensado en la seguridad que debería haber tanto en el portal de aquí, como en el que debe estar en la base de Pandaria? Era imposible que no los vigilaran, y al ser una “más”, ¿qué harían si logro pasar el portal y me ven del otro lado? No creo que piensen que es normal que una cualquiera este caminando libre en medio de una guerra, en un continente nuevo y lleno de enemigos y traición. Seguramente sería interrogada, y en el mejor de los casos devuelta a Lunargenta por incumplimiento del deber, conozco a los míos, y ahora que El Señor Regente está furioso, no iba a perdonar ni un error, hasta escuché que se puso de igual a igual con la Reina alma en pena. Así que descarté esta idea, por lo cual me quedaba sólo una más… Obviamente opté por esta, y es que aunque complicado, lo veía mejor que las otras opciones, y no solo eso, también me ayudaría durante todo mi viaje, gracias a esta decisión pude viajar a Pandaria…


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