La caída de Telmor – Desde otro punto de vista

¡Muy buenas colegas del metaloide! ¿Y si viéramos desde otro punto de vista la caída de Telmor? ¿Y si lo viéramos desde el punto de vista de Restalaan? Sin duda alguna el primer libro que leí de Warcraft y me gustó sobremanera, fue el Ascenso de la Horda. Hoy quiero dar un paso más e intentar narrar como lo hubieran visto o vivido los propios draenei de Telmor, sus últimos momentos.

La caída de Telmor – Desde otro punto de vista

Los ataques se incrementaban, Restalaan al igual que Velen, no comprendía la razón de estos ataques. ¿Cómo era posible que los orcos comenzaran a atacarlos sin razón alguna? ¿Habrían cometido algún error? ¿Le habrían faltado al respeto a algún líder orco?

Sea como fuere, Restalaan y los demás draenei se veían ahora en una guerra que no podían ganar ya que el enemigo era muchísimo más numeroso que ellos. Los pocos supervivientes que dejaban los orcos eran apresados y llevados a Shaz’gul, la residencia del clan Sombraluna. Los Rangari informaban a Restalaan constantemente sobre los movimientos de los orcos, según éstos, los orcos atacaban y saqueaban los cadáveres, armas y armaduras, lo aprovechaban todo .

Puñonegro con su segundo al mando Orgrim Martillo Maldito y el clan Roca Negra

 

La llamada “Horda” crecía y con ella la maestría y sed de sangre de sus guerreros. Con cada batalla los orcos se hacían más peligrosos y los draenei se veían obligados a luchar contra ellos para sobrevivir. Restalaan era el capitán de la Guardia de Telmor, uno de los emplazamientos draenei, que se protegía gracias a una serie de cristales creando un escudo protector que hacía que la ciudad y todos sus habitantes pasaran desapercibidos entre la maleza. El único que conocía como deshacer el hechizo era Restalaan, aunque, en una ocasión un par de jóvenes orcos rescatados por Restalaan del ataque de un ogro fueron invitados a Telmor. Tan sólo Durotan y Orgrim había penetrado más allá del escudo protector, pero Restalaan tenía la certeza de que los orcos no recordaban como acceder a la ciudad, eran muy pequeños como para recordarlo cuando sucedió, al menos eso creía él.

En una de las partidas de caza a las que solía ir Restalaan fue atacada por orcos, pero estos orcos no luchaban tan bien como los que se habían topado anteriormente, sus chamanes no conseguían contactar con los elementos, no podían sanar a sus heridos y eso ayudaba. Restalaan luchaba bien, con su gran maza tumbó de un solo golpe a un orco que se abalanzó sobre él. Las costillas se escucharon crujir incluso debajo de la armadura, a otro lo mató de un aplastante golpe en la cabeza con su maza, ésta sonó como una sandía al romperse. Otro orco al ver la escena se lanzó con rabia contra Restalaan, que se encontraba de espaldas. Con un grácil giro cual bailarín Restalaan alzó su martillo y … ¡Paró en seco! … A medio palmo del cráneo del orco que vestía con una piel de lobo. ¿Durotan? Restalaan ordenó la retirada y así le salvó la vida a Durotan, por segunda vez.

Una mañana, un grupo de Rangari llegaron a Telmor para reunirse con Restalaan, debían avisar a la ciudad. Un grupo de orcos de varios clanes dirigidos por dos jinetes se aproximaban a la ciudad, alarmado Restalaan preparo la defensa de la ciudad. Los Vandari, los guerreros draenei, comenzaban a prepararse armados con mazas, escudos, espadas y mandobles. Lucharían a muerte, tenían que defender la ciudad a toda costa. Restalaan se encontraba en primera línea de batalla y… para sorpresa de todos, el escudo de la ciudad se abrió ante ellos.

Los orcos vacilaron por un momento, pero al ver el miedo en los ojos de los draenei, se lanzaron a la carga. El choque fue brutal, los draenei aguantaron el primer embate con sus poderosos escudos, los dos jinetes orcos saltaron por encima de ellos y se abrieron el paso por el frente. Los huargos atacaban con su ferocidad característica, sus afilados dientes penetraban la armadura y perforaban el hueso. Uno de los jinetes portaba un enorme martillo y llevaba una armadura negra, Orgrim Martillo Maldito se abría paso a través de las filas draenei. Los orcos Mano Destrozada, Roca Negra, Grito de Guerra y Lobo Gélido lo seguían, el otro jinete iba montado sobre un huargo blanco y vestía con pieles de este mismo animal, sin duda era Durotan.

Durotan y Orgrim dirigiendo el ataque de Telmor

Las mujeres y niños se encontraban en la parte superior de la ciudad, mientras que la lucha se reñía en la plaza principal. Los orcos luchaban con una gran ferocidad, una vez sobrepasada la primera línea de defensa, los Vandari armados con mazas y mandobles cargaron contra los orcos produciendo un gran número de bajas. Cráneos aplastados y miembros amputados yacían sobre el campo de batalla, los orcos por su parte tenían un as en la manga, a la orden de Orgrim un centenar de orcos con enormes escudos de hierro forjado con las armaduras de los draenei muertos aparecieron.

Los Roca Negra cargaron contra la élite draenei chocando con fiereza, el sonido del metal, la sangre azul de los draenei sobre los rostros de sus atacantes, pronto la plaza sería controlada. Orgrim a lomos de su huargo, Comiférreo, luchaban como uno solo. Escuchó un aullido de dolor y vio como un guerrero draenei ensartaba a su huargo de lado a lado con su espada. Orgrim cayó de su montura,y el Martillo Maldito voló de sus manos, al intentar levantarse una pezuña piso su pecho y lo apretó contra el suelo, tenía al draenei encima de él. El draenei alzó su arma que aún estaba manchada de la sangre del animal, mientras Orgrim miraba a su agresor con rabia. De repente, un golpe seco en el cuello sacudió al draenei  y cayó a plomo, un Grito de Guerra con el Martillo Maldito, que había caído al suelo fuera del alcance de Orgrim,  fue su salvador, levantó a su comandante del suelo y este le rugió:

¿Se puede saber qué haces con eso?-gritó Orgrim, como reñiría un padre a su cachorro mientras cogía su maza-

Vuelve a la lucha si no quieres correr la misma suerte que tu víctima – volvió a rugir el orco mientras ponía el Martillo Maldito en su hombro y volvía a la batalla-

En otra parte de la ciudad, Restalaan se enfrentaba a tres Mano Destrozada. Estos orcos eran gladiadores, antiguos esclavos de los ogros;  se rebelaron y para librarse de sus grilletes se vieron obligados a cortarse la mano, en su lugar ahora luce una hoja de espada o de cualquier arma que tuvieran a mano para suplantar su miembro. Uno de ellos llevaba un gancho, otro una hoja de una espada y el último lo que parecía un hacha.

Restalaan espero a que se abalanzaran, el de la mano del hacha atacó primero intentando coger el mazo de Restalaan para poder asestarle un golpe traicionero, para su sorpresa el draenei soltó su arma y la cogió con la otra mano, al hacer tal maniobra dio al pálido orco en la mejilla; esto hizo que cayera a plomo cual saco de harina mientras que la sangre le brotaba de la boca. Esta vez los dos orcos restantes atacaron a la vez, Restalaan cogió al orco del gancho antes de que su compañero llegara con la hoja de su espada por delante y asesinó a un integrante de su propio clan, el astuto draenei usó el cuerpo del incauto orco como escudo.

Mientras el orco intentaba sacar la espada del cadáver de su compañero, Restalaan se acercó a él y hundió su enorme maza de dos manos sobre el cráneo del orco que quedó incrustada entre sus hombros.

Restalaan ordenó una retirada a la parte alta de la ciudad, tan solo quedaban una veintena de draenei luchando y el enemigo los superaba en número. Además, los pocos draenei que quedaban estaban heridos y exhaustos, los sanadores estaban gastando su poco maná en los heridos más graves.

Restalaan aún estaba en la plaza ordenando la retirada e intentando retener a los orcos tanto como podía. Durotan apareció montado en su huargo, de un mazazo tumbo al orco al suelo haciéndolo caer de su montura. La bestia al ver el peligro que corría su amo cogió a Restalaan por el brazo con que sujetaba su maza, la presión que ejercían las mandíbulas del animal sobre el brazo del draenei era tan dolorosa que acabó por soltar su arma y poco a poco comenzaron a hundir  sus dientes en la carne. Durotan aún estaba en el suelo, le costaba respirar, se puso en pie y miro a Restalaan con tristeza, tanto el orco como el draenei sabían que tarde o temprano ese momento llegaría.

Durotan se puso frente a Restalaan hacha en mano, mientras su huargo aún tiraba del brazo del draenei como si fuera un trozo de trapo, Restalaan cerró los ojos, su hora había llegado y todos los habitantes de la ciudad morirían a manos de sus antaño pacíficos vecinos, los orcos. Durotan decapitó a Restalaan, el cuerpo de su salvador cayó al suelo y al ver que el draenei ya no se movía el huargo lo soltó.

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