Bestiario de Mists of Pandaria

Las diversas razas de Pandaria son voraces, traviesas, trabajadoras y mortíferas; desconocidas en cualquier otra parte de Azeroth. Conoce sus historias y hábitats aquí.

Virmen

Carroñeros; molestias

Los Virmen son un fastidio que posee el potencial de convertirse en un serio problema. De apariencia similar a los conejos, estas pestes cuentan con poderosas patas traseras que les permiten cubrir gran cantidad de terreno a saltos. Por lo general habitan en cuevas y agujeros, no obstante, cuando las razas civilizadas de Pandaria se acercan a sus madrigueras, los Virmen son el hambre andante.

Estas criaturas son merodeadores empedernidos que aguardan la oportunidad de hacerse con carroña, desechos o comida. Robarán y devorarán cuanto puedan para luego escurrirse de vuelta a las sombras, dejando mesas volcadas y pilas revueltas de basura. La amenaza que presentan los Virmen sólo se exacerba ligeramente gracias a su propensión de blandir dagas robadas (o pedazos de bambú afilados) en cada mano. Aunque la mayoría de estos seres evita el conflicto directo, tienen la disposición de atacar a otros en la búsqueda del sustento que impulsa cada instante de su existencia.

Jinyu

Guardianes de las aguas de Pandaria

A Pandaria la rodean —y atraviesan— azules aguas cristalinas donde los anfibios Jinyu prosperan. De cierta manera, estas criaturas preservan y cultivan las aguas, incluso creando arroyos más pequeños con magia elemental. Sin embargo, los Jinyu también ejercen cierto control sobre los ríos y lagos de Pandaria, situación que puede provocar conflicto con otras razas. Regularmente detienen ríos para crear sus hogares y estanques de reproducción, edificaciones multifacéticas que no sólo son simples moradas de lodo, sino pueblos y campamentos que se extienden bajo el agua.

La sociedad Jinyu se divide en castas. Cada individuo es seleccionado para su rol —guerreros o sacerdotes, por ejemplo— a edad temprana y la última palabra en lo que compete a las decisiones comunales se le otorga al anciano de la tribu. Aunque su rigidez parece limitante, el manto de los ancianos por lo general es bien merecido: tienen la capacidad de hablar con las aguas que fluyen por todo Pandaria y también escucharlas, los que los hace increíblemente sabios y poderosos.

Duendecillos

Traviesas encarnaciones de la naturaleza

La apariencia de los traviesos duendecillos de la naturaleza en Pandaria es similar a las características comunes de su entorno, como los arbustos o las rocas. Esto les permite ocultarse con facilidad y desempeñar su pasatiempo favorito, hacerles travesuras a los demás por razones inescrutables. La mayoría de las diabluras que perpetran los duendecillos del bosque, como disfrazarse de banquillos para que la gente se tropiece, o lanzar frutas y nueces a los viajeros, parecen ser inofensivas. Las travesuras que llevan a cabo los duendecillos de las montañas, por otra parte, presentan una mayor incidencia de violencia y muerte, pues constan de avalanchas y caídas de acantilados.

Se rumora que han surgido variedades únicas y mortíferas de duendecillos en las zonas corrompidas por los Sha. Si el comportamiento de estos seres es únicamente un reflejo de los entornos que les rodean, es casi seguro que cualquiera de éstas sea monumentalmente peligrosa.

Mogu

Señores de la antigua Pandaria

La tierra que hoy conocemos como Pandaria no siempre llevó el nombre del pueblo Pandaren. En el pasado gobernaban los Mogu, seres de inmenso tamaño y fuerza que construyeron un imperio cimentado en el poder. Subyugaban a los débiles (las demás razas), mientras los fuertes (los Mogu, por supuesto) ascendían al poder. Los Mogu demostraron su poderío ante todo el reino con imponentes monumentos de piedra y titánicas máquinas de asedio. Posteriormente, concentraron su fuerza contra los habitantes inferiores de Pandaria, moldeando la carne según sus caprichos; tal como daban forma a la roca.

Los Mogu fueron derrocados en una revolución desesperada que encabezaron los Pandaren, pero su legado persiste en ruinas de más de mil años de antigüedad; demasiado grandes como para colapsarse. Esto resultó ser cierto, algunos de los Mogu, efectivamente, eran demasiado grandiosos como para caer junto con su imperio. Conforme Pandaria resurge en un Azeroth cambiado, los sobrevivientes Mogu se agitan. Buscan recuperar el dominio que tuvieron alguna vez y arrasarán a usurpadores e invasores por igual para lograrlo.

Hozen

Frenéticos cazadores-recolectores

Los Hozen son cazadores y recolectores increíblemente diestros que se agrupan en clanes y habitan en las puntas de los árboles y las montañas de Pandaria. Sus vidas son extremadamente cortas (sus ancianos generalmente no son mayores de veinte años) y su sociedad carece de raíces (y reglas) por esta razón. Toscos e impulsivos, los Hozen juegan, viven y discuten juntos… al menos hasta que sus clanes se vuelven tan grandes que se dividen en múltiples grupos de menor tamaño.

Las demás razas de Pandaria tienen la precaución de evitar los campos de caza de los Hozen, ya que su volátil temperamento empeora cuando el hambre obliga a clanes enteros, incluyendo ancianos y jóvenes, a asaltar fuentes de alimento fuera de su territorio. No importa si el resultado es una reserva suficiente de comida, o la muerte de cierta cantidad de Hozen como para asegurar que los sobrevivientes gozarán de una existencia saludable.

Mántido

Destructores que provienen de más allá de la muralla

Los Mántidos alguna vez fueron considerados una amenaza tan grande que los ancestrales Mogu que regían Pandaria dedicaron varias generaciones a la construcción de una gigantesca muralla con el fin de mantenerlos a raya. Sin embargo, los Mántidos no tienen una mente colectiva. Son criaturas inteligentes que se organizan por castas y presentan obediencia total a una Emperatriz de su misma raza. Asimismo, son arquitectos de ciudades elaboradas que se extienden por las estepas de Pandaria. El peligro que representan los Mántidos radica en la forma en que construyen dichas ciudades.

El ciclo de nacimiento y construcción de los Mántidos gira en torno al Kunchong, un insecto colosal capaz de poner en peligro a pueblos enteros por sí solo. Los Mántidos veneran a esta gigantesca criatura y, cuando el instinto conduce al Kunchong en estampida por el continente —devorando tierra, árboles y lagos— ellos le siguen de cerca, recolectando la resina de color ámbar que secreta; dando a luz a sus crías y edificando sus hogares a su paso. Poco les importa a los Mántidos si las viviendas de las demás razas son aplastadas por el Kunchong. Ellos caminan donde cae la sombra de esta criatura. Donde caminan, la tierra se transforma.

Saurok

Reptiles humanoides potenciados por magia oscura

En la búsqueda de tropas de choque para consolidar su poder sobre la antigua Pandaria, los Mogu buscaron sujetos insólitos entre la fauna del Valle de la Flor Eterna. Durante el proceso seleccionaron diversas variedades particularmente resistentes de reptiles locales y las corrompieron en cuerpo y mente, concediéndoles la capacidad de desplazarse en dos patas y la inteligencia suficiente como para esgrimir armas. Sin embargo, estos sirvientes resultaron ser increíblemente ineficientes pues atacaban a sus comandantes, huían de las batallas y gustaban más del botín que de la obediencia. Furiosos, los Mogu los masacraron en grandes cantidades y aplastaron sus cámaras de reproducción… No obstante, aún hoy, los experimentos superan en número a sus creadores.

Después de que los Mogu dejaron el imperio Pandaren, sus creaciones, los Saurok, sobrevivieron como carroñeros, ocultándose en los sitios salvajes del continente. Los Saurok son muy peligrosos como bandidos solitarios gracias a su fuerza bruta y agresión innata, pero lentamente han comenzado a organizarse en legiones errantes. Sin la limitante de las nociones ‘civilizadas’ de propiedad, estos ladrones se lanzan a la batalla para obtener el botín de las razas más suaves.

Yaungol

Guerreros tribales en busca de un nuevo hogar

Hace diez mil años, varias tribus tauren quedaron varadas en las colinas occidentales del nuevo continente de Pandaria. Inteligentes, curtidos y obligados a adaptarse a una tierra agreste, fueron capaces de labrarse una vida en este peligroso territorio, convirtiéndose en los Yaungol. Estos seres consideraban que las tierras de las Estepas de Tonglong formaban parte de sus terrenos de caza y deambulaban por las tierras salvajes que se extienden más allá de la muralla Pandaren.

Los recientes ataques Mántidos han llevado a muchos señores de guerra Yaungol a darse cuenta de que la mejor esperanza para su gente era abrirse paso a través de la muralla y buscar nuevos hogares en los entornos más seguros de la Cima Kun-Lai. Los Shado-Pan, superados en número y luchando por rechazar los embates de los Mántidos y un levantamiento de Sha, fueron incapaces de detener la incursión. La horda Yaungol ha llegado a Kun-Lai y han traído la guerra consigo. Ahora queda en manos de la Horda y de la Alianza derrotar a los Yaungol y ayudar a los Shado-Pan a sellar la brecha en la muralla.

Grúmel

Humildes nómadas de las montañas

En los picos de las montañas rodeadas de nubes de Pandaria habitan los grúmels. Estos humanoides pequeños y simples constituyen un pueblo humilde que se contenta con vagar y transportar mercancías a través de los caminos serpenteantes y ventosos de la Cima Kun-Lai. Además de su gran conocimiento de las montañas, los supersticiosos grúmels se valen de la suerte y la buena fortuna para sobrevivir a los sinuosos caminos.

Los grúmels viajan en grupos y no tienen un gobierno centralizado sino un acuerdo entre líderes de caravana, quienes se ocupan de los negocios. Los grúmels hicieron un trato con los Shado-Pan desde hace mucho tiempo, el cual les proporciona protección de depredadores, bandidos y hozen en las peligrosas veredas de las montañas a cambio de transportar productos perecederos a la gran muralla. Esta centenaria ruta comercial conocida como la Senda Arpillera ha sido fuente de gran prosperidad tanto para los Shado-Pan como para los grúmels.

Sha

Demonios del corazón y del alma

Hace diez mil años, Shaohao, el último emperador Pandaren, buscó gobernar con sabiduría para salvar a Pandaria de la ruina. Con el fin de que su gente se superara, Shaohao llevó a cabo una gran gesta para eliminar sus propias emociones negativas. Tuvo éxito y la duda, la furia, el miedo, y más, que arrancó de su ser fueron encerrados bajo la tierra. Sin embargo, no permanecieron inmóviles. Éstos se filtraron a la tierra que Shaohao tenía la esperanza de proteger.

La oscuridad de Shaohao, el Sha, aguardaba en el corazón de Pandaria, alimentándose de cada palabra hostil, puño de furia o punzada de desesperación. Los Pandaren han cultivado la compasión, la paciencia y el amor por la vida para limitar su contribución al poder del Sha. Sin embargo, con el arribo de extranjeros violentos a Pandaria, es posible que todo su cuidado haya sido en vano.

No queda claro si el Sha tiene una agenda, pero no hay duda de su existencia no armoniza con la vida. Donde quiera que merodeen traen, y se deleitan con, la discordia y la muerte en un ciclo que áun los más grandes héroes consideran difícil de romper. Las espadas no pueden herir a la duda y las armaduras no protegen del odio.


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