Una segunda oportunidad – David Ruiz Ruiz

-¿Ess..toy… vivoo…? No… no puede ser.  Aún recuerdo como ese infame orco me atravesó el corazón. Entonces… ¿he sido resucitado?- mientras se interrogaba, una sombra con aspecto de ángel se le acercaba.

-¡Reazt levántate! Bienvenido al mundo de los vivos. Gracias a la bendición que me ha sido otorgada te he devuelto a la vida. No eres un esclavo, Reazt. Eres libre de decidir si servir a la dama oscura Sylvanas o vagar por el mundo bajo la apariencia de un no-muerto. En todo caso, preséntate ante el enterrador Mordo en las tumbas de camposanto.- le decía como si le estuviesen chillando un millar de pájaros.

-Así que, ¿Sylvanas ehh?- se decía de manera confusa mientras observaba a su alrededor, contemplando el horrible panorama de muertos saliendo de sus tumbas y de Val´Kyrs pronunciando oscuros hechizos.

Reazt se dirigía ante la presencia del enterrador Mordo.

-Veo que te conservas de una pieza, a pesar de llevar tanto tiempo muerto. No muchos tienen la suerte de conservar su cordura después de contemplar en lo que se han convertido.- decía el pálido Mordo con una risa amenazante.

Mordo resopló. -Reazt, tengo una misión para ti. Quiero que encuentres y destruyas a todo resucitado que huye despavorido hacia el bosque. Y recuerda Reazt, que nosotros servimos a Lady Sylvanas, no lo olvides. Ahora apresúrate- le ordenó Mordo con aires de superioridad.

Tras espeluznantes palabras, Reazt se dirigió al bosque sin rechistar, y durante horas, aguantó y destruyó con esmero a todos los cadáveres vivientes que se pronunciaban con temor.

Regresó ante Mordo horas más tarde.

-Bien, parece que has completado tu cometido.- alabándole con cara un poco risueña-. Sabes Reazt, no muchos han mostrado tu buen juicio. Por eso quiero que hables con un no-muerto que tiene problemas para encontrarse. Su nombre es Kierson y se encuentra a las afueras del cementerio. Convéncelo para que se una a los renegados, sí eres capaz.

Se dirigió en busca de Kierson bajo la lluvia que caía como una noche de horrenda tormenta.

-¿Kierson? No puedo creer que lo hayan revivido- pensaba excitado bajo el sonido de la lluvia.

Tras horas de búsqueda, se dirigió ante un cadáver que le recordaba a su buen viejo amigo.

-Eres tú, ¿kierson?- se preguntaba de nuevo, pero esta vez en voz alta.

-Oh si, kierson así solían llamarme cuando estaba vivo… ¿Y qué si lo soy?¿Quién eres? Vete de aquí por favor, quiero estar solo ¡Vete!- suplicaba desesperado

-Tranquilízate, estoy aquí para ayudarte. Parece que no me recuerdas ¿verdad? Mi nombre es Reazt- le aclamaba preocupado.

-¿Reazt? ¿Eres tú… Reazt? No, es imposible. Me estoy volviendo loco- se cuestionaba mientras que reazt marcaba una sonrisa en su rostro.

-No debes de cuestionar mi existencia, pues yo te la he confirmado. Ahora levántate amigo mío y álzate contra tus temores.- lo silenció con sabias palabras-. Una vez fuimos soldados de Lordaeron, y lo seguiremos siendo mientras podamos.

-Ahora servimos a Lady Sylvanas, o mejor dicho, a la horda. No nos queda otra elección más que sobrevivir, aunque eso conlleve estar en la horda. Ahora sígueme Kierson, debemos estar ante Mordo.- dijo con sus últimas palabras convencedoras.

Ambos empezaron andar hacia el cementerio mientras la lluvia cesaba… Se encontraron con Mordo concluyendo así su tarea.

-Veo que tu carisma es digno de cuestionar. No irías nada mal liderando a un ejército- le dijo mientras soltaba una carcajada por su asquerosa boca-. Tu labor aquí ha terminado, quiero que os dirijáis al norte hacia Camposanto, y que os reunáis con el guardia de la muerte Saltain.

Los dos renegados se dirigieron hacia camposanto sin preámbulos. Caminaron durante horas sin descanso. Llegaron a las puertas de camposanto y se dirigieron hacia la herrería donde Saltain esperaba a todos los nuevos reclutas.

-Si estáis aquí quiere decir que estáis en buen estado mental supongo. Ahora comprobaremos que tal sois de fuertes. Coged el equipo que necesitéis y venid a visitarme a la salida de Camposanto ¡Vamos!- le dijo Saltain a sus nuevos reclutas.

Reazt cogió dos dagas y una armadura de puro cuero, en cambio, Kierson prefirió con el clásico conjunto de espada larga con escudo y acompañado de un equipo de mallas. Se dirigieron hacia donde estaba el guardia de la muerte con rapidez.

-Veamos… parece que ya estáis. Veo que has cogido armas ágiles y armadura ligera, tuviste que tener fama de asesino en otra vida.- le dijo soltando una carcajada.- He oído hablar de un grupo de renegados que quieren relevarse ante la dama oscura. No lo podemos permitir, así que quiero que os acerquéis a su campamento situado al sureste de camposanto y los asesinéis. De esta manera sabré que tal de fuerte sois y si de verdad sois de fiar.

Reazt y kierson tomaron el camino del bosque en vez del camino para así pillarlos por sorpresa. Caminaron sigilosamente durante largos minutos hasta encontrar las tiendas de campaña de los desertores.

Largas fueron las horas que esperaron detrás de los árboles para pillar el mejor momento de distracción.

Tras esperar, Reazt encontró el momento de aventurarse. Cogió una antorcha que llevaba guardado en su bolsa de viaje, se acercó a la hoguera previamente encendida por los desertores, asesinó por la espalda a los dos únicos vigías, y encendió la antorcha.

Se acercó a las tiendas de campaña y les prendió fuego. Los pocos desertores que lograron salir ilesos de las llamas, persiguieron a Reazt por la llanura que había entre el campamento y el bosque donde Kierson aguardaba.

Rápidamente Reazt se ocultó entre los árboles con astucia esperando la llegada de sus perseguidores.

Kierson, sin pestañear, se lanzó contra los descuidados desertores, cayendo así en su emboscada. Reazt seguidamente tomó parte en la batalla consiguiendo al final acabar con sus enemigos.

Acto seguido se fueron en camino hacia Camposanto para dar los detalles de su misión.

Los dos renegados, tras la incursión al campamento desertor, fueron entrenados durante meses en Camposanto por Saltain.

Llegó el día en que todos los reclutas, incluidos Reazt y Kierson, estuvieran preparados para pertenecer a la hueste de la dama oscura.

En ese mismo día, llegó un correo a Camposanto que decía lo siguiente:

Ha llegado la hora de alzarnos hermanos. Por orden del jefe de guerra Garrosh Grito infernal, se nos ha ordenado que invadamos uno de los siete reinos de los humanos, Gilneas. Se necesita a todo no-muerto capaz para el combate en el sepulcro. De ahí avanzaremos a las murallas de Gilneas.

Atte Lady Sylvanas

No tardaron en movilizarse hacia la avanzada renegada. Reazt y Kierson partieron con el primer grupo. Tardaron días en llegar a la avanzada de la vanguardia, situada al norte del bosque de los Argénteos. Aún les quedaba un largo viaje hasta el sepulcro.

Llegó, directamente desde Entrañas, Lady Sylvanas con su ejército a la avanzada de la vanguardia. Venía con el ángel, donde tiempo atrás liberó a Realz de las garras de la muerte.

Traían con ellos un enorme carro con una gran cantidad de cadáveres y los arrojaron a un foso no muy profundo, lo suficiente como para que pueda salir una persona por sus propios medios.

Pasaron unas horas hasta que se abrió un portal que conectaba con Orgrimmar. Salió del portal muchos orcos y minutos más tarde, Garrosh Grito Infernal.

Reazt al observar al enrojecido orco, le entró una tremenda sed de venganza y odio. Apenas podía contenerse quieto. Kierson intentaba calmarlo.

Lady Sylvanas había convocado a Garrosh para comentarle que había conseguido un poder parecido al Rey exánime. Para verificar su habladuría, Sylvanas le ordenó a Aghata, el ángel que resucitó a Realz, que iniciase con el ritual.

Del foso se alzaron todos los cadáveres dejando a Garrosh anonadado.

-He vivido mucho tiempo, he luchado en muchas batallas y he asesinado a incontables orcos. Ya va siendo hora de que aproveche la oportunidad que me ha brindado el destino de poder matar al jefe orco.- piensa Reatz con una intensa ira.

-Amigo mío, hasta aquí llega mi viaje. Si estás conmigo muere a mi lado, sino simplemente adiós- se despide de su bien amigo Kierson.

Reazt arranca contra Garrosh ferozmente por la espalda. Ágilmente acuchilla con sus dagas a varios de los orcos que se encontraban entre él y su presa.

-¿ehh?¿Esto qué es? ¿Quién osa?- se cuestiona Garrosh al oír el sonido de las dagas atravesando la carne de sus víctimas.

Reazt derrota a varios orcos, pero acaba siendo capturado. Dos orcos lo agarran de los brazos en forma de cruz. Garrosh se acerca a él y lo mira cara a cara.

-¿Querías atentar contra mi vida sucio renegado?- le dice Garrosh con voz amenazadora-.¡Matadlo!

Un orco empuñando una gran hacha, se acerca a Reazt, alza el hacha y lo raja de arriba abajo.

Dejan caer el cuerpo inerte al suelo desangrándose.

-He tenido que ser revivido y vivir como un renegado para poder cumplir mi deseo, pero veo que al final no lo he conseguido… no está mal después de todo haber muerto por un orco dos veces…

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