Helenah Canto de Fuego: El sonido de la magia – Diego Oblitas

Mucho se ha hablado de los Sin’dorei, y al mismo tiempo muy poco…

Una mañana, con el sol lleno de vida los elfos hacían lo que todas las mañana la brisa les susurraba. Salían a pasear, ver al mercader que había traído aparatos nuevos del otro lado del Maelstrom, unos aparatos mágicos que permitían saciar esa sed que hace poco había aparecido. Los rayos del sol bañaban a toda la ciudad, a pesar de haber sufrido tanto, a pesar de perder a su rey, de perder su poder, habían logrado sobreponerse, tenían a un nuevo soberano con nuevas promesas, un consejo formado por los más fieles Sin’dorei que sin duda tenían respuesta para esta sed… Para este maleficio.

  • Señor Theron –hacia una reverencia al verlo – Es un honor que me haya invitado, debe tener noticias.
  • Basta de formalidades Liadrin, sabes que no somos diferentes en puesto o raza, ambos somos amigos – respondía el señor de los elfos.
  • Espero que también te refieras a nosotros – respondía rápidamente un elfo lo suficientemente altanero como para poner en jaque al rey.
  • Desde luego que sí. Halduron, Rommarth. Un gusto verlos por estos lugares hoy, tenemos que hablar con nuestro pueblo.
  • ¿Y se puede saber de qué les quieres hablar? – preguntaba el gran mago Rommath mientras cerraba una cortina al ser el último en entrar al cuarto de generales.
  • Sobre el rey Kael’thas- soltó un suspiro de pena muy obvio para todos.
  • Ellos no tienen que saber toda la verdad sobre… Ya sabes…El rey traidor…

Los silencios entre frases o palabras eran comunes cuando se hablaba del tema, a pesar de que pasaron ya varios años, los generales habían conocido muy bien al que fue en vida la representación del orgullo elfo.

  • Todos merecen saber de dónde proviene esta sed – lo miraba a Rommarth esperando su apoyo – Y más importante aun tienen que saber que existe una cura – ahora sus ojos se posaron sobre Lady Liadrin – Deben tener más esperanza.
  • Pero no creo que debamos contarles sobre todo lo que ocurrió tanto en Terrallende como con lo Quel’Lithien. Sabes mejor que nadie que se necesitan de los secretos.
  • Apoyo lo que dice Halduron sobre los secretos. Pero si necesitan saber que existe formas de saciar esta sed malvada que nos dejó el legado Sunstrider. Lady Liadrin, usted debe mostrarle a las nuevas generaciones que existen otros caminos.

Después de varios minutos de discusiones llegaron a un acuerdo. Tenían que contarles lo ocurrido, y sobre todo lo que Lady  Liadrin había aprendido en Terrallende, con Velen y con M’uru. Los elfos podían ser felices con la luz que los prometía. Se acercaron a la puerta del Castillo real, y ya habían llamado a toda la ciudad, a todos los que se encontraran cerca. La plaza se lleno, y se podía ver elfos en alfombras volando bajo, en ventanas y en las terrazas de cazas cercanas.

  • ¡Pueblo de Quel’thalas! ¡Pueblo Sin’dorei! ¡Todos! ¡Hermanos, familia! – Todos se quedaban escépticos de ver como aquel elfo que tenían como señor regente se mostraba con tanta ilusión, con tanta presencia, algo inusual a su actitud más lógica y fría. ¡Tenemos grandes…

Antes de que terminara la frase apareció de entre la multitud una joven elfa, vestida con los trajes típicos de los Sunfury. Una túnica sin mangas roja, una tiara con gemas, cabello suelto que llegaba hasta los hombros, ojos que emanaban un aire verdoso. Los generales sabían que no era una visitante normal.

  • ¿Qué haces aquí hechicera? – Interrumpió Lady Liadrin. Se veía inestable, la llegada de esta joven no le causaba para nada gracia.
  • Tranquila Lady Liadrin, acaso el “Señor Regente” no nos llamó a todos los elfos ¿“familia”?

Contestaba de forma irónica la arrogante elfa, se notaba lo que quería, y estaba cerca de lograrlo. Solo quería algo de movimiento, algo de vida.

  • ¿Qué hacemos señor? – Susurraba un guardia a Lor’Themar.
  • Yo me encargo, no te preocupes, ya traté con ellos. Respondía desafiante Liadrin, ahora que regresó a su color natural de piel, tenia pensamientos más claros. – La interrogaré, no caeré en su jueguito.
  • Excelente. Halduron habla con los oficiales en Terrallende y en Quel’Danas, quiero respuestas. Rommarth acompáñame a dar el discurso, ahora ellos te creerán más a ti que a mí.

Luego de que Lady Liadrin se llevara a la joven que no paraba de mostrarse elegante y desafiante, Halduron se fue para contactar con los oficiales. Lor’Themar acabó de dar el discurso con Rommath y a pesar de las dificultades que la invasora causó no hubieron mayores problemas. Los elfos se sentían más seguros viendo a un mejor rey, a un mago hablando de esperanza y teniendo a Lady Liadrin de su lado.

  • Y bien, ¿Que sacaste de ella? –Preguntaba un notable preocupado Lor’Themar mientras la miraba por el cristal.
  • Dice que no hablara conmigo, que los míos mataron a su familia y a sus amigos, dice que solo hablará con el que este a mando…
  • Muy bien, ve con Halduron, yo me hare cargo de ella, deben haber espías señora mía, temo que tengamos que enfrentar otra guerra interna…
  • Lor’Themar, debo admitir que cada vez que te vuelvo a ver te pareces mas a un digno rey, maduras y creces a pasos adelantados, pero sigues temiendo lo peor… No sabremos hasta que hable, hasta que tengamos toda la información.
  • Gracias Rommarth, debo admitir que viniendo de ti esas palabras significan mucho. Asegúrate de que nadie salga o entre de este cubículo, solo Liadrin puede salir.

Terminada esta charla, se desearon suerte los tres y cada uno emprendió su tarea, Lor’Themar fue introducido a un plano diferente donde se encontraba esta chica.

  • Bienvenido mi rey, esta… es mi celda. Siéntete como en tu trono.- El espacio en el que se encontraban era otra dimensión menor, creada por los antiguos magos del primer rey, justamente para interrogatorios y para cautivar a sospechosos. Solo podían entrar un máximo de tres elfos, se manipulaba por magia arcana desde un puesto especial en un pozo justo debajo de la aguja del sol, llevadas por un túnel solo conocido por los allegados personales del rey, o en este caso del señor regente. – Por cierto, mi nombre es Helenah Cantofuego y si fuera una espía no me hubiese dado a conocer como soy.
  • Sinu a’manore – Suspiraba para poder mantener la calma, sabía que no tenía que caer en su juego –Dime, ¿Que estás haciendo aquí? Sabes que los tuyos no son más bienvenidos aquí.
  • ¿Los míos? Señor, no sabía que se practicaba el racismo ahora en lugar de la magia… Magia que creó esta habitación…
  • Bueno joven elfa, debes saber la historia de los seguidores del rey traidor, ninguno de sus seguidores, es bienvenido en este pueblo. Hemos tenido que superarnos, hemos rechazado a las artes oscuras, pues nos corromperán al igual que al que en vida fuese tu líder…
  • A nuestro rey señor regente, me conozco toda la historia, al derecho y al revés me la hicieron aprender, sé muy bien de donde vengo… pero también sé muy bien hacia donde voy. Mi señor,… – Bajaba la vista por primera vez desde que la vieron, se veía sumisa ahora, tu temperamento cambio casi al instante – Vengo porque necesito hablar con usted, en un lugar donde no nos escuche ni nos vigile nadie…
  • Me alegra que sepas tus orígenes, pero dime como esperas que confíe en ti.
  • Bueno… Porque como dijiste, somos familia

Dicho esto murmuró unas palabras y se libro de las cadenas de magia, Rommath al ver que la prisionera escapó puso manos a la obra para tratar de entrar a dicha dimensión, sin éxito. La elfa había sellado la entrada, había creado un espacio dentro de esa dimensión, lo que no le hacía imposible a Rommath entrar a contacto con la nueva ubicación de los elfos. Lor’Themar andaba preocupado, pero sabía que había enfrentado a enemigos peores, que estaba dispuesto a sacrificarse por su pueblo si fuese necesario.

  • Señor, debe confiar en mí nos necesitamos mutuamente, como usted bien sabe Kil’Jaeden, aunque vencido pero no fue derrotado, el se encuentra aun con vida, lejos, pero vivo, y lo peor es que planea regresar… Lo sé porque… En Terrallende tratan de traerlo de vuelta, disculpe si me sincero en este momento, porque aunque la “señorita Liadrin” – hacía gestos de burla – es considerada entre Uds. como una salvadora, muchos de los Sunfury desde luego no la ven igual, le dio la espalda a nuestra raza, para unirse con la alianza, con la “luz”. Sin embargo sus hombres mataron a mi familia, y eso me hizo abrir los ojos, pude observar lo que realmente te puede hacer la magia. Señor Lor’Themar Theron. Si la magia se usa correctamente no te esclaviza. Míreme, mire al gran Magister, a Aethas, a Jaina. Conozco a todos ellos, no personalmente pero si aprendí de ellos. Necesito que confié en mí. Se cómo detener todo esto…
  • Me sorprende las palabras que dijiste pequeña. MI gente ya pasó demasiado como para volver al pasado.
  • Es por eso mismo señor! – Interrumpía la joven elfa, ahora se mostraba un poco inquieta, siempre mostrando la arrogancia que la distinguía, pero quería hacerle entender al señor regente su mensaje. – He dejado atrás a mi tribu, a mi raza, a mi familia de sangre! Solo para pedirle ayuda, sé que es difícil, pero quiero enseñarle a los elfos que permanecer en la magia, no es sinónimo de locura.

Rommath había logrado penetrar ambas dimensiones, y llego hasta donde los elfos se encontraban interrumpiéndolos y aprisionando a la hechicera en una cárcel de mana. Luego el señor regente les contó lo ocurrido a los involucrados. Así que decidieron llevarla semi-inconsciente al Éxodar, con Velen, a quien ya le habían contactado y recibido su aprobación.  Lady Liadrin y Rommath hacían de custodias de la elfa mientras que Halduron conversaba con Lor’Themar sobre la veracidad de sus palabras y para ver que podrían hacer en caso fuese verdad lo que contó la elfa. Ya con Velen las cosas no mejoraron, pues había mucha duda en el ambiente. Aunque La elfa se mostraba igual de arrogante que siempre, Lor’Themar había visto en sus ojos, había visto el mismo pesar que también había visto en otras elfas, esa fortaleza a costa de sufrimiento, sabía que había perdido todo, y que estaba en contra de lo que los Sunfury profesaban, pues se arriesgó mucho para poder  llegar hasta ahí. No podía dejar de verla…

Velen luego de examinar las energías de la joven, para sorpresa de todos, no encontró maldad alguna. Al parecer era verdad lo que decía. Helenah, ya libre, se dispuso a contarles lo mismo que le contó a Lor’Themar, añadiendo que la única forma de acabar con él seria destruir el portal que la legión ardiente estaban creando en el Vacio abisal. No iba a ser una tarea nada fácil, pero tenían que hacerlo, por lo menos para ganar más tiempo.
Luego de discutirlo, Helenah se ofreció para ir a lo que Rommath acepto diciendo que nunca había visto a una elfa tan joven haciendo hechizos de tal calibre. Se acordó también que tenía que ir con un acompañante, y aunque Lor’Themar se ofreció, y luego Halduron, quien la termino acompañando fue nadie menos que Liadrin, pues con la luz sabía que podía contra la legión.

De esta forma Helenah y Liadrin se marcharon hacia Terrallende, pues planearon usar un portal que también se construía ahí para realizar el viaje. Helenah Cantofuego y Lady Liadrin prometieron volver algún día, cuando el portal se haya cerrado.

 


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