â Estos granjeros idiotas nos harĂĄn ricos⊠jejeje â DecĂa Furiolo, manteniendo en alto el saquito de monedas.
â La verdad es que asustar a granjeros morosos no es lo que mĂĄs me divierte. Hace tiempo que no nos mandan matar a nadie. Bufff⊠â ResoplĂł Piruleta.
Esos eran sus apodos desde que empezaron a trabajar de âintermediariosâ para los nobles adinerados. Llevaban tanto tiempo haciĂ©ndolo, que nunca usaban ya sus verdaderos nombres.
â Bueno, mira el lado bueno; con estos trabajitos no nos ensuciamos la ropa. No quiero tener que gastar otra vez el sueldo en camisas nuevas. â le replicĂł Furiolo con una mueca horrenda en la cara.
â En fin â dijo ignorĂĄndole- vamos a la posada de La gĂłtica, a ver si tiene algo bueno de comer. â
â ÂżEn serio tenemos que ir allĂ? En Andorhal hay mĂĄs posadas a parte de esa. Ya sabes el mal rollo que me da lo que cuentan de ella. â
â Bah, no seas cagĂłn. ÂżA que le tienes miedo, a un poco de magia? â se burlĂł ella.
â Sabes que no es solo magia. Esa mujer trata de devolverle la vida a su marido con nigromancia y artes oscuras⊠â dijo Furiolo en tono misterioso.
Piruleta se parĂł en seco y le mirĂł fijamente muy seria.
â A ver⊠Sabes que su marido muriĂł hace 3 años. Si aĂșn sigue enterrado es porque no le funcionan muy bien las artes oscuras. De todos modos, si consiguiera levantarlo, ÂżquĂ© serĂa si no un montĂłn de huesos? â SentenciĂł y continuĂł andando.
Furiolo se quedĂł un momento pensando en eso y luego la siguiĂł de cerca observando su contoneo de caderas al andar. HabĂa conocido a muchas mujeres en sus viajes, pero siempre acababa volviendo a la cama con ella. La deseaba con locura; sus muslos, sus pechos, su marcada cintura⊠Siempre habĂan sido amantes, pero nunca tendrĂan una relaciĂłn seria. Ella pensaba que eso entorpecerĂa su trabajo. De pronto Piruleta se detuvo, haciĂ©ndole chocar contra ella.
â ÂżPero quĂ© haces? â dijo mirĂĄndole por encima del hombro â Que ya hemos llegado.
La posada de Marie o La gĂłtica, como le llamaban los de la ciudad de Andorhal, era pequeña y algo sombrĂa, pero siempre habĂa buena comida y bebida, y pan reciĂ©n hecho. Andorhal era el mayor distribuidor de grano del reino.
La gĂłtica, era una mujer antaño presumida y muy femenina, pero ahora se habĂa dejado llevar por la edad y la magia negra y aunque intentaba disimularlo durante el dĂa, se le notaba cansada, ojerosa y siempre decepcionada por no conseguir su deseo de traer de vuelta a su marido fallecido.
â ÂĄCuĂĄnto tiempo sin veros! â dijo efusivamente cuando entraron a la posada â Sentaros, os pondrĂ© algo de comer.
â ÂżQuĂ© le pasa a esta hoy? QuĂ© feliz se le ve⊠â MurmurĂł Piruleta cuando la vio entrar en la cocina.
â Igual ya ha conseguido resucitar a su marido⊠â SusurrĂł Furiolo en un hilo de voz.
â Shhh⊠Que vuelve â dijo Piruleta al verla salir otra vez.
La gĂłtica les trajo dos grandes cuencos de sopa humeante con trozos de carne flotando y dos buenas rebanadas de pan calentito. Luego se acercĂł a la barra y les llenĂł dos vasos de vino.
â QuĂ© aproveche chicos, ÂżOs quedareis a dormir verdad? â
â Si Marie, como siempre. Gracias. â le contestĂł Piruleta. La gĂłtica volviĂł a la cocina y ellos dieron buena cuenta de la comida, que solo con olerla ya les habĂa abierto el apetito.
â Buuufff⊠¥estoy llena! â dijo ella cuando acabĂł.
â Solo le has dado un bocado al pan, Âżno quieres mĂĄs? â le preguntĂł Ă©l mirando con cara de felicidad absoluta, despuĂ©s de haber repetido dos veces sopa.
â No, no. Todo para ti.- Le contestĂł Piruleta con el estĂłmago rebosante.
Pasaron allà la noche, redescubriendo sus cuerpos hasta quedar agotados. A la mañana siguiente al despertarse, Piruleta vio que Furiolo no estaba en la cama. Al cabo de un momento lo oyó vomitando en el baño.
â Furiolo Âżte encuentras bien? â Le dijo acercĂĄndose a la puerta.
â No mucho, creo que anoche cenĂ© demasiad⊠arrggghhh⊠â Se interrumpiĂł volviendo a vomitar.
â Madre mĂa, sĂ que estĂĄs mal, si⊠â Al momento Furiolo saliĂł del baño y fue a tumbarse en la cama.
â EstĂĄs poniĂ©ndote un poco amarillo. Igual deberĂa buscar un sanador. â Le dijo ella algo asustada.
â No⊠tranquila⊠serĂĄ un empacho. Me quedarĂ© un rato tumbado a ver si se me pasa. â ContestĂł Ă©l al tiempo que se tapaba con la manta.
Como no querĂa dejarle solo, Piruleta aprovechĂł la mañana para ducharse y cortarse un poco el pelo con una de sus dagas. A medio dĂa Furiolo no habĂa despertado, aunque seguĂa teniendo un color muy raro, asĂ que decidiĂł bajar a comer algo e ir a buscar a un sanador.
â Buenos dĂas chiquilla, ÂżQuieres comer? Tengo pan reciĂ©n horneado. ÂżDĂłnde estĂĄ tu apuesto compañero? No me digas que sigue dormido⊠â Le dijo La gĂłtica al verle bajar por las escaleras.
â La verdad es que no se encuentra muy bien. Al parecer comiĂł demasiado anoche â Le contestĂł Piruleta. â ComerĂ© lo que tengas hecho y me irĂ© a buscar un sanador.
â Mmm⊠Un sanador⊠si⊠â Le dijo la posadera pensativa â Te sacarĂ© un buen plato de cordero y un trozo crujiente de pan. SiĂ©ntate donde quieras, querida.- y saliĂł como alma que lleva el diablo a la cocina. Piruleta se acomodĂł en una mesa cerca de la chimenea. La gĂłtica apareciĂł presurosa con un plato de cordero estofado con patatas y una inmensa rodaja de pan.
â ÂĄMadre mĂa Marie, creo que te has pasado! â Le dijo con los ojos como platos.
â No te preocupes. TĂș come que estĂĄs muy delgada. El pan calentito te sentarĂĄ muy bien. â Le dijo con una extraña mirada cuando volvĂa de la barra con un vaso de vino â Come, come⊠â
â A esta mujer le falta una tuerca â MurmurĂł Piruleta para sĂ misma. Y empezĂł a comer estofado. Cuando llevaba medio plato empezĂł a sentirse mareada.
â SerĂĄ del vino â Se dijo.
Pero de pronto le vinieron arcadas. Las primeras las pudo aguantar, pero al momento sintió que necesitaba ir al baño. Se levantó råpidamente, pero no le dio tiempo a mås y llenó el suelo y la mesa cercana de un espeso vomito verde.
â Querida, creo que tĂș tambiĂ©n tienes empacho â Dijo de pronto La gĂłtica, que habĂa aparecido allĂ sin hacer el menor ruido y la miraba con una cara de serenidad extrañĂsima. â No te preocupes. Vuelve a la cama y descansa, yo irĂ© a por el sanador.
â Graci⊠â IntentĂł decir Piruleta, pero no puedo acabar la frase debido a una nueva serie de arcadas.
DecidiĂł que lo mejor era hacerle caso y subir a la cama. Cuando entrĂł en la habitaciĂłn, le dio el tiempo justo de llegar al baño para poder vomitar, pero esta vez fue sangre lo que saliĂł de su boca y manchĂł sus labios. Asustada, se limpiĂł corriendo en el lavabo, pero no le sirviĂł de mucho ya que vomitĂł una vez mĂĄs. Cada vez era mĂĄs incontrolable. Estaba empezando a marearse de verdad. ÂżQuĂ© le estaba pasando? CogiĂł agua para limpiar el lavabo y entonces se dio cuenta de que algo se movĂa.
â Pero ÂżQuĂ© demoniosâŠ? â DejĂł el agua y miro mĂĄs de cerca. â ÂżGusanos? Puaaaj â Dijo y saliĂł corriendo del baño asqueada y mareada.
SeguĂa teniendo nĂĄuseas y ahora ademĂĄs estaba asustada. No entendĂa nada. ÂżEstarĂa mal la comida? Entonces oyĂł voces fuera de la posada. A duras penas se acercĂł a la ventana. HabĂa una multitud cerca de la entrada de la ciudad. HabĂa guardias reales y el propio PrĂncipe Arthas.
â ÂżQuĂ© dices? ÂżQuĂ© el grano ya ha sido enviado a las granjas? Por la luz, estamos perdidos. â Dijo uno de ellos.
¿El grano? Su mente no funcionaba bien, se le estaba nublando la vista. ¿Qué le pasaba al grano? Entonces se acordó del pan y de la insistencia de Marie en que comieran.
â Nos ha envenenado. Marie nos ha envenenado⊠â Pero su voz se apagaba, se estaba quedando sin fuerzas. Se dejĂł caer en la cama sentada. â Furiolo⊠â No habĂa pensado en Ă©l desde que habĂa bajado a comer. Se girĂł tan rĂĄpido como le dejaron sus fuerzas y se quedĂł petrificada. El cuerpo de Furiolo estaba allĂ, pero se estaba pudriendo. Trozos dispersos del cuerpo estaban cayendo y en su lugar brotaba pus y los mismos gusanos que ella habĂa vomitado.
Piruleta quiso gritar, pero la voz no le salĂa, empezaba a perder la vista y le pitaban los oĂdos. La mano en la que se habĂa apoyado para girarse en la cama cediĂł a su peso y cayĂł de lado en la cama con la cabeza cerca del pecho de Furiolo que aun respiraba muy lentamente. No estaba muerto.
â Nigromancia⊠â PensĂł.
Y entonces se desmayĂł.
* Â Â Â Â Â * Â Â Â Â Â *
Cerca de allĂ La gĂłtica se acercĂł a una de las tumbas del cementerio.
â Ha llegado el momento, mi amor. â Le hablĂł a la tumba â He servido bien al culto de los malditos. Todo el grano ha sido enviado a las ciudades. KelâThuzad me otorgarĂĄ la oportunidad de una vida nueva. Una vida eterna para encontrar la manera de traerte de vuelta. El veneno ya corre por mis venas â dijo cuando las nĂĄuseas empezaron a llegar. Se tumbĂł al lado de la lĂĄpida y le susurrĂł â Pronto estaremos juntos.
Y allĂ se quedĂł tumbada. Esperando la ansiada muerte.