Guía de Mist of Pandaria

Guía de Mist of Pandaria

Toda la información sobre la nueva expansión de World of Warcraft: Mist of Pandaria.

Guía del Jardín Noble

Guía del Jardín Noble

El evento del Jardín Noble comienza el 8 de Abril y acaba el 15 del mismo mes. Muchísimos huevos de…

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Novela

wowarthaslaascensiondelreyexanime

¡Por fin! Tras leerme bastantes libros estos meses, me acorde de que tenia este. Ya me lo leí nada más comprarlo, pero… puff… realmente bueno. ¿Queréis saber mi opinión y más acerca de este libro? Pues sigue leyendo...

Lo admito, soy un fanático de la lectura. Este verano, por ejemplo, me he leído unos 8-10 libros, eso sin contar los cómics… Y entre ellos estaba este libro.

Me lo compre por puro frikismo y ansia consumista, lo admito, ya que el Lore de la plaga no termina de llamarme; pero tengo que admitir que me lleve una gran alegría al leerlo. Desde la primera página a la última no pude dejar de leer. Arthas, Muradin, Terenas, Lady Sylvannas, Invencible y Lady Jaina Valiente entre otros.

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bosque_del_ocaso_caminoHola a todos de nuevo, soy Yandrak y os traigo el primer capitulo de Descubriendo el viejo mundo. La historia transcurre en el Bosque del ocaso porque quedo primero en el recuento de la anterior pregunta. Como en el prólogo (el cual os recomiendo leer) tambien hay una pregunta al final.

La noche eterna

Estaba arriba de una colina que seguía ascendiendo fuera del alcance de mi vista ya que los arboles chocaban contra parte de la montaña. Estuve esperando horas hasta que se hiciera de día pero entonces entendí que la luz nunca inundaría el bosque ya que los arboles se lo impedían. Entonces me arme de valor y decidí explorar el bosque en medio de esta constante noche, iba despacio ya que un paso en falso podía ser peligroso, poco a poco mis ojos se iban a costumbrando pero solo veía unos pasos por delante.

Seguí todo el camino recto sorteando arboles y varios tocones, ambos parecían centenarios por su grosor, me empezaba a inundar una sensación de sed y hambre que no era capaz de saciar, ya que por aquí no corría un arroyo, ni crecía ningún fruto en los arboles, toda señal de vida en la zona parecía extinguida, la única yo, me semejaba una alma en pena vagando sin rumbo fijo intentando encontrar a alguien en este entorno muerto y sombrío.

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bosque_ocasoHola a todos, soy Yandrak y os traigo una nueva idea que espero que os guste y es esta novela. El proceso que quiero seguir es que todos participemos en su continuación, por eso al terminar cada parte se formulará una pregunta a los lectores, según las respuestas se seleccionarán tres o cuatro y se continuará la historia con esas ideas. Espero que os guste, aquí os dejo con la historia...

Era una noche calurosa de verano, estaba en mi pueblo pasando las vacaciones aburrido como siempre, ya era demasiado tarde y decidí atajar por el bosque, sus robles eran gigantescos y tenia un ambiente místico que lo hacia peligroso y atrayente a la vez. El sendero era oscuro y se oían ruidos desde todos lados. Aunque haya pasado varias veces acompañado por aquí esta vez note algo raro ¿sería el eclipse lunar?,un escalofrió me recorrió el cuerpo y empece a correr sin pensarlo, ya estaba casi al final cuando de repente me vino un hedor a descomposición y en la cumbre salio una horrible criatura. Los árboles proyectaban sus sombras sobre ella, por la poca luz no pude ver muchos detalles pero lo suficiente para que el terror se apoderara de mi, sus largas garras y sus dos metros se quedaron grabadas en mi mente.

En ese momento perdí mi racionalidad y el miedo corría por mis venas y decidí entrar en la espesura del bosque saliendo del sendero, mi único pensamiento venia del subconsciente y era huir de allí lo mas lejos posible, llevaba corriendo sin parar 30 minutos no sabia hacia donde iba y mi asma no ayudaba pero todavía se oían gruñidos a mi espalda, mis piernas ya empezaban a fallar pero entonces vi que pronto terminaba el bosque y la esperanza de mi ser se liberó y empezó a fluir sobre mi, cuando salí al claro, la esperanza se volvió a encerrar y el pesimismo recobro mi cuerpo porque había salido a la entrada de una cueva, los ruidos estaban muy cerca y era mi única salida así que entre en la cueva y justo nada mas entrar un golpe a mi espalda, me gire era la bestia estaba tumbada en el suelo como si se hubiera chocado contra un muro, pero ahí no había nada, no quería quedarme cerca esa bestia así que con la simple iluminación de mi móvil decidí continuar.

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p_literaria_medieval_letraasaban los días.

Dormía como podía acurrucada en el hueco de un árbol cerrcano al carromato de los vendedores. Las noches eran tremendamente oscuras, acostumbrada, como estaba, a la ciudad. El cielo era casi plata de tantas estrellas que se veían. Y el aire estaba lleno de aromas y olores extraños, así como de nuevos sonidos como el del agua corriendo en el río cercano, los frondosos árboles que se mecían con el viento y, sobre todo, el constante quejido de los animales. Lo peor, el aullido de los lobos en la oscuridad.

Además el olor a sangre que impregnaba mi ropa y que ya no había forma de quitar del cuero, me desperrtaba en la noche y alimentaba mis pesadillas. No sé cuantas víctimas habían arrojado a la muerte mi daga y, aunque no serían más de 30 o 40, a mi me parecían demasiadas muertes.

Ahora lo pienso y no puedo más que sonreir.

Por el día todo cambiaba.

La luz lo bañaba todo y los colores eran más vivos, más brillantes y cálidos, a la vez, mucho más que en Ventormenta.

Mi desayuno no solía ser más que algún trozo de pan y manzanas que les compraba a los comerciantes, si es que no había conseguido raíces o frutas por los árboles cercanos.

Llevaba conmigo mi pequeño libro sobre los pícaros y cuando me faltaba el dinero pensaba en ese habilidad especial de ellos para robar y me preguntaba si en verdad yo sería capaz.

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Destino: Prefacio
Destino: Capítulo I
Destino: Capítulo II
Destino: Capítulo III

Destino: Capítulo IV
Destino: Capítulo V

 

No sabía que hacer, ni donde ir, ni con quien hablar. Aunque no era la única que parecía no saber muy bien que hacer.

Un guardia en la puerta de la Abadía me miró y llamó mi atención con la mano.

-Buenos días pequeña. ¿Quieres echarnos una mano? Deberías ir a hablar con el alguacil McBride.

Me decidí hacer lo que me proponía el guardia, por las indicaciones que me dio aquel hombre que estaba parado en el primer pasillo de la Abadía debía ser McBride.

-Buenos días, ¿es usted McBride?

-Sí, ¿te mandan los guardias?

-Así es. Estoy a su disposición para lo que necesite.

Estuvimos hablando largo tiempo. Con él comprendí que la guerra se gana con batallas, los grandes ejércitos marchaban a frentes en tierras lejanas, mientras que en las tierras los campesinos y los ciudadanos se enfrentan a pequeños peligros que no dejan los campos tranquilos, son cosas pequeñas, pero que minan la confianza de los habitantes de las regiones. Los kóbolds, los Defias y animales salvajes eran una preocupación en la zona y McBride y sus hombres se dedican a mantener a raya todos los peligros, aunque era una empresa larga y sin un claro desenlace.

Aquel valle cerrado al sur por la muralla albergaba al norte una cueva llena de extraños seres ni humanos ni roedores del tamaño de un niño que minaban sin descanso. McBride me envió a aquella cueva a investigarla y matar a algunas de aquellas criaturas.

Me acerqué a uno de ellos que estaba aislado, agarré la daga con fuerza apoyando la parte gruesa contra mi brazo y desde atrás le ataqué, en ese momento me sentí fuerte, poderosa, como nunca en mi vida me había sentido, feliz y asustada a la vez. Aunque todos esos sentimientos duraron poco, justo el tiempo que tardó aquel bicho en darse la vuelta y atacarme. Y ahí se acabó toda mi euforia y felicidad. Se revolvía y no sabía que hacer ni como defenderme. Poco a poco, no sé como, conseguí acabar con él. Cayó al suelo aún agonizando y murió a mis pies. Me senté a sus pies viendo como la sangre empapaba la hierba. No sabría expresar lo que sentí, era una vida que yo había segado, la primera de muchas con las que acabaría.

Me levanté y seguí con mi cometido.

Cuando terminé volví con McBride que recompensó las muertes con unas cuantas monedas. A mi se me hicieron una gran cantidad, nunca en mi vida había tenido tanto dinero.

Cuando el hombre que estaba curtiendo cueros en el lateral me llamó y me dio otro encargo, que cuando terminé me recompensó con unas botas, por fin entendí como iba todo, lo que debería hacer a partir de ahora, primero debía conseguir dinero para comprar u obtener mejores piezas de mi armadura y tal vez, ¿alguna daga mejor?

Una joven vestida con una toga de colores claros se acercó a mi.

-¿Te gustaría entrar en nuestra hermandad?

¿Qué? ¿Qué era eso de la hermandad? ¿Qué le digo? ¿Sería ella una enviada de los pícaros? No me dio la impresión. Así que sin saber aún muy bien que debía hacer preferí declinar la oferta.

-No, gracias, está bien así.

Y no recibí respuesta, se dio la vuelta y se marchó.

¿Se habrá enfadado?

Destino: Prefacio
Destino: Capítulo I
Destino: Capítulo II

Destino: Capítulo III
Destino: Capítulo IV

¡Era un gran día!

Salí a la calle decidida y animada. El mundo parecía distinto. ¿O sería yo? Me encontré con Grisillo en la Plaza hablando con el hermano Kristoff.

- Naini – saludaron amablemente.
- Buenos días. Gris, necesitaría hablar contigo.
Me miró de arriba abajo y estalló en una risa feliz.
- ¿Ya estás preparada? Cuando quieras podemos empezar.
Le miré en silencio.
- Tu instrucción, ¿no?
- Gris, creo que deberíamos hablar a solas.

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Destino: Prefacio
Destino: Capítulo I
Destino: Capítulo II

Destino: Capítulo III

El Parque, pocas veces había ido allí. Era la zona élfica de la ciudad. Los elfos que se habían refugiado tras las murallas de Ventormenta habían asentado allí su hogar. No me podía hacer una idea de cómo sería Teldrassil, la isla capital de los elfos de la noche, pero seguro sería un sitio hermoso y lleno de paz.

Se llegaba a la Plaza del Parque por un enorme pasillo entre los edificios, el suelo todo de un suave césped verde cálido. Las farolas eran árboles brillantes y delgados en cuya copa se posaban velas que parecían florecer del mismo. En el centro, un lago de agua cristalina, rodeado de piedras blancas de mármol inmaculado. Rodeándolo unos cuantos bancos de madera. Ni siquiera los edificios de rugosa piedra gris desentonaban cubiertos como estaban de musgo y enredaderas.
Me acomodé en el césped cerca del lago.

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Destino: Prefacio
Destino: Capítulo I
Destino: Capítulo II

Shellene y yo entramos en la casa y mientras desayunaba le expliqué todo lo que había ocurrido aquella noche, decidí no contarle nada de mi nueva admiración por la forma de luchar de aquel extraño. Shellene se quedó muy preocupada por el hecho de aquella atención que él me dedicó antes de marcharse, pensaba que nunca es bueno que un enemigo se quede con tu cara. Yo me reí. Se marchó para cerrar todas las puertas y ventanas por si a aquel miembro de la horda se le ocurría esconderse allí.
El día pasó lento. Intentaba mantener entretenidos a los niños, con juegos y concursos, teatros y batallas legendarias, pero no estaban muy conformes con aquel encierro.

Hacía ya unos años que podría haber dejado el orfanato, cuando cumplí la mayoría de edad, pero había preferido quedarme allí, ayudando a Shellene. Cada año las guerras se cobraban más vidas y más gente se unía a las batallas, así al orfanato cada vez llegaban más niños sin hogar ni familia.

Hacia mucho tiempo, una noche, Lord Grisillo Quiebrasombras, el instructor de Paladines, volvía a su habitación en la Catedral, cuando vio un pequeño bulto junto a las escaleras. Allí, arropada entre mantas, había una pequeña, pelirroja y sonrosada que lo miraba con los ojos bien abiertos y sonrientes. Me llamó Naini.

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Destino: Prefacio
Destino: Capítulo I

 

Mientras el sonido se acercaba, pude ver como aquel extraño se apresuraba en guardar aquello que había sacado del cofre en un pequeño petate que llevaba. Mi mente se puso en marcha, aquella habitación no tenía ventanas, si él quería salir de allí debía hacerlo por la puerta y yo estaba allí… ¡me vería!. Con el ruido de las placas poco importaba si hacía ruido. De un salto me alejé de la puerta y me coloqué tras la columna.  Castius, el guardia del Obispo DeLavey, se quedó mirándome.

- ¿Naini?

Se escuchó el ruido del cofre al cerrarse. Castius también lo había oído, desenfundó la espada y se colocó el escudo. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante.

Sentí como si algo se moviera a mi izquierda, pero antes de poder siquiera mirar noté como algo frío y duro golpeaba mi cabeza. Allí me quedé inmóvil, no podía controlar mi cuerpo y mi cabeza daba vueltas. Pude ver como lo que parecía una transparencia de aquel no-muerto se acercaba a Castius sin que pudiera hacer nada por avisarle. Pero él me miraba como si se hubiera dado cuenta de algo muy importante. La transparencia se colocó tras el guardia, levantó la mano, donde aferraba una daga. Pensé que allí acabaría todo. Pero justo en aquel instante, bajo los pies del Protector y formando un perfecto círculo surgió del suelo una alfombra de fuego, como los rescoldos ardientes de una hoguera. Aquel ser se convirtió en algo tangente. Sorprendido, se alejó del círculo. Castius, que ya lo había visto, lo seguía lentamente. Ambos se alejaban de mi.

Podía ver como se tanteaban, se observaban y medían sin palabras. Y todo comenzó.

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Abrí los ojos sobresaltada. Era noche cerrada en Ventormenta. Hasta el orfanato llegaban los sonidos del cambio de guardia en el Castillo. La noche, a excepción del ruido de las placas de las armaduras, estaba extrañamente silenciosa. Me quedé observando como los pináculos de la Catedral recortaban la luna. Me sentí relajada de nuevo con aquella visión, la Catedral de la Luz era mucho más que un lugar para mi, era mi Santuario y mi refugio.

Todo quedó nuevamente en silencio. Debía intentar dormir. De pronto la vi. Una sombra que no era casi ni eso, entrando por el vano de la ventana más alta de la pared norte de la Catedral.

¿Qué era esa sombra? Juraría que no era un animal, pero ¿quién querría entrar a esa hora? ¿y de esa forma? Tenía que avisar a Lontananza. Presentía el peligro latente en esa sombra que, agazapada como si fuera un animal pero sin serlo, había irrumpido en la paz de mi refugio.

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